Creo que todas las personas que entramos al ambiente Swinger lo hacemos por qué en el fondo sabemos que existe algo más allá que, muy probablemente, nos va a gustar.

Y es el sacarse los miedos, un poquito el tabú y un poquito la pena y decir: Vamos a probar, a ver que pasa.

Honestamente, cuando nosotros empezamos a salir a clubes Swinger aquí en DF teníamos una cantidad de ideas buenas y malas, pero principalmente teníamos una curiosidad tremenda por cómo era y sobre todo por las cosas que podíamos llegar a experimentar, en ese entonces nuestra intención era que Andrea viera a la gente, que viera si alguien le podía gustar y que quizá se animara a expandir sus horizontes sexuales que hasta entonces se limitaban básicamente a su lindo, genial y soberbio esposo.

La cosa es, creo que en el fondo Andrea siempre supo que le gustaban las niñas, simplemente jamás tuvo la libertad de explorar o el momento indicado para descubrirlo.

Me atrevo a decir que siempre lo supo porque la primera vez que platicamos con una chica del ambiente, María, la parte femenina de una pareja que se nos acercó en nuestra primera salida, la propuesta del beso para ella no fue extraña, no fue nada indiferente, al contrario, fue algo que ella estaba más que dispuesta a experimentar, del beso pasó a las caricias y de allí a decirme después esa mañana en casa – Me gustó –

Segundo Acto, nuestra siguiente salida, mismo lugar, Casa Swinger, fue de nueva cuenta a mirar, a ver que pasaba, que conocíamos, y si bien esa noche no pasó nada más allá del soberbio espectáculo, digno de las mejores porno, que dimos en el colchón del salón central, fue la ocasión en que Andrea se dio cuenta que en efecto le interesaba mucho mirar y conocer niñas, los hombres de momento bien gracias.

No fue hasta la tercera ocasión que tuvimos la fortuna de ir por un acto de bella serendipiosidad a Purpura, un club Swinger ubicado en Satélite de cuya gente nos hemos enamorado profundamente, que Andrea entendió que tenía una Bisexualidad muy marcada y que la cumpleañera del evento, Mya de Pareja Polanco, le provocaba sentir y hacer cosas nuevas para ella, cosas cómo pararse a bailar y sacarse la ropa enfrente de un grupo de desconocidos simplemente porque… pues porque niñas.

Desde ese punto todo ha sido un viaje, algo que va cada vez un poco más rápido, algo que ha ido de ver niñas en la calle, platicar a quien te darías y porque, llevar a una amiga al hotel, entenderse a miradas con otras chavas y concretar un Bliss con su primer crush del ambiente swinger.

Cuando empezamos a salir, mi deseo de hombre era probar, empujarla un poquito, en cierto modo y en sus palabras pervertirle y enseñarle las cosas que se estaba perdiendo, hoy día me hace feliz que ha encontrado algo nuevo que le emociona y que en sus palabras, le gusta tanto que le da miedo, y todo eso gracias a un ambiente donde todos tienen inquietudes y están dispuestos a hablar, respetar e intentar, después de todo no es de gratis que le digan “El mundo feliz”.